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Roche: Una perspectiva afroguajira de una misma problemática

Este articulo es la tercera entrega de una serie que narra la lucha de 4 comunidades de La Guajira por subsistir en sus comunidades en medio de las afectaciones que la minería de carbón a cielo abierto ha dejado en ellas. Las afectaciones no son nuevas, desde la llegada de la minería han sufrido el deterioro de las condiciones en las que viven, sin embargo, con la pandemia del Covid 19, esas afectaciones han salido ha flote con mayor fuerza, dejando ver de manera aún más evidente, como la minería ha destrozado la autonomía de la que alguna vez gozaron estas comunidades.

El letrero desvaneciente que se aprecia en el parque principal de la comunidad es una poderosa metafora para lo que ha venido sucediendo con la comunidad tras su reasentamiento.

Nos sentimos muy vulnerables, nos pudimos dar cuenta de la falta inminente que nos hace nuestro terruño, en este nuevo lugar no contamos con la riqueza de la naturaleza y de la madre tierra. Así describe una habitante la situación que hoy vive la comunidad de Roche, una comunidad afro que fue desalojada de su territorio en 2015 por la empresa Carbones del Cerrejón.

La comunidad de Roche, ubicada cerca del municipio de Barrancas, en el sur de La Guajira, fue desarraigada de su territorio debido a la actividad minera que realiza la empresa Cerrejón.  En un principio la comunidad creyó que la Empresa Cerrejón garantizaría condiciones para su bienestar en el lugar de traslado.  Así había quedado pactado en el acuerdo entre la comunidad y la empresa.  Sin embargo, hoy, miembros de la comunidad denuncian que estas condiciones no se cumplieron.  La crisis que viven los habitantes de Roche producto del COVID 19, ha hecho que las afectaciones que produjo este reasentamiento sean más evidentes, pero la comunidad las ha vivido desde su desplazamiento.

En el antiguo territorio, la comunidad era dueña de tierra suficiente para sostenerse económicamente, las condiciones del territorio les permitían desarrollar prácticas agrícolas y de cacería que garantizaban su soberanía alimentaria.

La cercanía con el casco urbano ha hecho que la cacería desaparezca por completo y la calidad de la tierra en la que fueron reasentados no permite mantener sus cultivos de manera sostenible. Las afectaciones que produjo el reasentamiento a la economía propia despojaron en gran medida a la comunidad de su capacidad para mantenerse autónomamente.  Han tenido que asumir mayores gastos con menores herramientas para subsistir.

La comunidad pasó a vivir del trabajo informal, realizado en su mayoría en el casco urbano.  Asumir el cobro de servicios públicos y pagar más por la alimentación que antes cultivaban, ha sido un reto para la comunidad desde su reasentamiento, pero la paralización del municipio lo ha hecho peor, forzándolos a depender de ayudas gubernamentales y privadas.

Su cercanía con el casco urbano también los pone en una situación de mayor vulnerabilidad, acá estamos más expuestos a que llegue el virus ya que el flujo vehicular es máximo pese a las restricciones emitidas por las autoridades gubernamentales, manifiesta una lideresa de la comunidad.

La comunidad hace un llamado al gobierno para que este más pendientes de las personas vulnerables. Somos muchos.  Que tengan más en cuenta a las comunidades que han sido desarraigadas de su territorio o que han sido despojadas y llevados a otros lugares donde no tienen de que vivir, de que subsistir; primero está la salud antes que cualquier otra cosa.  

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